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Los Duendes del Camino en Oaxaca

Por Administrador Escuchar audio relato

Cuando hacía mi servicio social en una fundación para niños sin hogar, conocí a un profesor ya entrado en años. Era de esos maestros de vocación, los que enseñan por convicción, más que por un salario. Una tarde, mientras conversábamos, me contó una experiencia que vivió años atrás, cuando daba clases en comunidades rurales de Oaxaca.

Corría el año 1999, y él se encontraba en una pequeña aldea junto al mar. Me decía que allá, en vez de palomas, veías gaviotas; y donde esperabas ver ratas, corrían iguanas. Había también una hacienda vieja, medio derrumbada, que nadie visitaba porque decían que por las noches, los duendes hacían de las suyas.

Una noche, al regresar a su casa por el camino que pasaba junto a esas ruinas, sintió que algo le lanzaba piedras. Se detuvo, y miró alrededor, pero solo la luz de la luna iluminaba el camino vacío. De pronto escuchó una risa aguda, burlona, parecida a la de un personaje de caricatura. Al dirigir la mirada hacia unos matorrales, alcanzó a ver una figura diminuta, de barba negra y cuerpo de niño, que corrió hacia la playa antes de desaparecer entre la arena.

Al día siguiente, contó a sus alumnos lo sucedido. Ellos le explicaron que esos seres eran duendes del lugar, y que solo molestaban a los forasteros, a menos que se les dejara alguna ofrenda, como pescado u otra comida. Siguiendo su consejo, el profesor dejó un pescado cerca del camino. Desde entonces, nunca más lo molestaron, ni volvió a sentir aquella extraña presencia.

¡Fin!

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