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La Criatura que Vi en el Canal de Riego

Por Administrador Escuchar audio relato

Recuerdo perfectamente aquel día, aunque haya pasado mucho tiempo. Tenía seis años y vivíamos cerca de un canal de riego en Tamaulipas, México. En esos días de calor insoportable, mis hermanos y yo, solíamos ir allí a refrescarnos. Había una parte poco profunda donde los niños jugábamos sin peligro, separada por unas compuertas de madera de una zona más honda, donde el agua caía en una pequeña cascada.

Aquel día era como cualquier otro. Yo estaba sentada en la compuerta, mirando la corriente, cuando algo llamó mi atención. Entre el movimiento del agua, algo pequeño se agitaba desesperadamente. Al principio creí que era un pez atrapado, pero no lo era.

Era una criatura diminuta, del tamaño de mi mano. Su cuerpo era parecido al de una persona, pero en lugar de piernas tenía una cola anaranjada, y una piel tan pálida que casi se veía a través de ella. Su cabello negro flotaba como una sombra en el agua, y en lugar de dedos tenía pequeñas tenazas afiladas. Sus ojos, aunque diminutos, mostraban una angustia que me heló por dentro.

No sé qué me impulsó, pero quise ayudarla. Me acerqué y extendí la mano para liberarla. En ese momento su expresión cambió. Movió las tenazas con fuerza, como si me advirtiera que me alejara. Lo intenté una vez más, pero esta vez sentí un pinchazo en la mano. El dolor fue tan fuerte, que retrocedí asustada y corrí hacia donde estaba mi hermana. Le conté lo que había visto, pero solo se rió, creyendo que era una broma mía.

Volví al canal con miedo, pero también con curiosidad de saber si aún se encontraba allí. El agua seguía fluyendo tranquilamente, sin rastro de la criatura. Me quedé un rato mirando, sin entender qué había pasado. Cuando estábamos por irnos, sentí otro pinchazo, esta vez en el pie. Grité, y mi hermana corrió hacia mí. Al revisar mi pie, notamos que tenía una herida, pero ella me dijo: que debía haber sido una piedra o algo en el agua.

Esa noche le conté a mi madre, esperando que me creyera. Pero, igual que mi hermana, pensó que lo había imaginado.

¡Fin!

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