Iniciar Sesion
Crear Cuenta

Devuélveme Mi Dedo

Por Saadalah Abud Dimitri Luna Escuchar audio relato

En un pueblo tranquilo a las afueras de la Ciudad de México, vivía doña Margarita. Una anciana de gran fortuna... pero aún más conocida por su generosidad. Siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás. Por eso, cuando falleció a los 87 años, todo el pueblo la lloró con sinceridad.

El día de su entierro, la sala de su casa se llenó de vecinos, amigos y curiosos. Sus hijos decidieron sepultarla con todas sus joyas, como un último tributo a su vida llena de abundancia. Entre ellas, destacaba un hermoso anillo, el cual contenía un enorme diamante.

Durante el velorio, uno de los sepultureros no podía apartar la vista de la mano de doña Margarita. Aquel anillo, era imposible de ignorar, por el diamante que relucía sobre su piel pálida. La codicia le nubló el juicio, y antes de que terminara el día, ya había planeado regresar más tarde.

Ya entrada la noche, cuando el cementerio estaba completamente vacío, volvió en secreto. Sabía que nadie lo vería, y movido por la codicia, excavó la tumba y abrió el ataúd. Trató de quitarle el anillo, pero el dedo de la difunta lo retenía con fuerza. Sin más alternativa, sacó su navaja, y se lo cortó.

Sin perder tiempo, salió del cementerio lo más rápido que pudo. Caminaba con el corazón acelerado, apretando en el bolsillo el anillo y el dedo, envuelto en un pañuelo. Pensaba en cuánto dinero podría conseguir al vender aquella joya.

Al llegar a casa, se fue directo a la cama. Se acostó con una sonrisa, convencido de que al día siguiente, vendería el anillo y obtendría una buena suma de dinero. La emoción por su posible ganancia, le ayudó a conciliar el sueño rápidamente.

Sin embargo, ya entrada la madrugada, un ruido lo despertó.

Era un sonido extraño, como si algo se arrastrara por el suelo. Provenía de la sala, y se acercaba poco a poco.

De pronto, aquel ruido fue acompañado por una voz lastimera que decía:

—Devuélveme mi dedo...

Al oírlo, sintió que su corazón se le detenía. Se cubrió con las cobijas, temblando, deseando que aquello no entrara en su habitación. Permaneció así, inmóvil, aferrado a la esperanza de que la noche terminara.

Cuando el primer rayo de luz se asomó por la ventana, ya había tomado una decisión. Ese mismo día, esperó a que anocheciera para volver al cementerio y devolver lo que se había llevado. Creía que si lo devolvía, todo acabaría ahí.

Esa noche, caminó entre las lápidas con el dedo aún envuelto en el pañuelo. Lo colocó dentro del ataúd, rogando perdón... pero ya era demasiado tarde.

A la mañana siguiente, lo encontraron muerto sobre la tumba de doña Margarita. Tenía el rostro desencajado, con los ojos abiertos de par en par, y en la mano derecha se notaba claramente, la ausencia del dedo medio.

Por eso, nunca lo olvides. Los muertos descansan en paz, siempre que nadie se atreva a quitarle lo que les pertenece.

¡Fin!

¿Te gustó este relato? ¡Vota por él y ayúdalo a convertirse en la historia de terror más votada del sitio!.

128
2
Guardar
Agregar a lista