Les voy a contar lo que me sucedió en el cementerio. Una tarde, acompañé a mis primos a realizar unos pagos en administración, por el mantenimiento de la tumba de un tío, que estaba enterrado en ese lugar.
Este trámite demoraba mucho, por la afluencia de gente quienes realizaban este mismo pago; para evitar el aburrimiento en la cola de espera, decidí salir a caminar mientras mis primos esperaban su turno.
A paso lento, avancé un poco en dirección a las tumbas. A esa hora, el calor estaba muy elevado, por lo que me detuve bajo un árbol frondoso por un poco de sombra.
De pronto vi a una señora de avanzada edad, con el cabello completamente blanco. Ella caminaba con dificultad, ayudada por un bastón; quien se detuvo frente a una tumba, y con mucha dificultad se puso a arrancar la maleza que había crecido a su alrededor. Por la edad se le dificultaba inclinarse, por lo que me acerqué con la intención de ayudarla.
Al saludarla, ella me respondió amablemente. Le dije que deseaba ayudarla a limpiar, y ella con una sonrisa me dio las gracias. Me comentó que nadie de su familia venía a realizar la limpieza, y que por eso era ella la que venía siempre, pero por el paso de los años se le dificultaba más.
Mientras la ayudaba, nos pusimos a hablar de muchas cosas. Cuando de pronto escuché mi nombre, eran mis primos que me llamaban para irnos, seguramente ya habían terminado su trámite. Por lo que me despedí de la señora, deseándole que tuviera una bonita tarde.
Con algo de prisa llegué a donde estaban mis primos, ya junto a ellos nos dispusimos a caminar. Mientras hablábamos sobre el trámite que realizaron, ellos me preguntaron por qué estaba limpiando esa tumba, que si conocía de quién era; yo inmediatamente les dije que estaba ayudando a la viejita. Ellos se miraron entre sí, y al mismo tiempo me dijeron, ¿qué viejita?, ellos me aseguraron que me vieron a mí sola, arrancando la maleza, y que no había nadie a mi lado. En ese momento, sentí como si mi corazón quisiera salirse por mi boca, con mucho miedo les dije que saliéramos de ese lugar; mientras corríamos a la puerta principal, se me hacía imposible voltear a ver, ya cuando estuvimos fuera, recién tuve el valor de mirar para atrás, pero en donde se encontraba la señora, no había nadie.
Nunca supe qué fue lo que vi ese día, pero mis primos me repiten, que ellos nunca vieron a la señora, que solo me vieron a mí limpiando esa tumba.
¡Fin!
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