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Los Tesoros Enterrados en Sinaloa

Por Administrador Escuchar audio relato

Un amigo me contó una historia que le sucedió a su abuelo, quien vivía en las afueras de El Fuerte en Sinaloa, rodeado por extensos campos y un monte cercano. Según la tradición local, en ese monte aparecían llamas de colores en las noches, señal de que bajo tierra se ocultaban tesoros antiguos. Sin embargo, el abuelo, advertía que aquellas luces no anunciaban riquezas, sino restos humanos, y prohibía a todos acercarse o excavar en ese sitio.

Tras su fallecimiento, el terreno pasó a manos de su tío Ramón, quien, movido por la ambición, decidió investigar por cuenta propia.

Una noche, provisto de una lámpara de petróleo y una pala, esperó a que surgiera la primera llama, y se adentró en el monte. Al llegar al punto señalado, cavó hasta encontrar una bolsa deteriorada que contenía dos lingotes de oro. Fascinado por el hallazgo, apenas tuvo tiempo de examinarlo, cuando desde la oscuridad, emergió la figura de un hombre extremadamente delgado, de mirada profunda y rostro inexpresivo.

El extraño se acercó poco a poco, y sin levantar la voz, le pidió que le entregara las barras. Ramón, sin comprender del todo lo que ocurría, se las entregó. El hombre las sostuvo unos segundos, giró con calma y desapareció entre la maleza, sin dejar rastro ni camino visible.

Aterrorizado, Ramón dejó la pala y la lámpara, y corrió de regreso a casa. Al día siguiente, volvió al lugar para recuperar sus herramientas y seguir el rastro del visitante, pero nada más encontró un muro de vegetación tan denso, que parecía imposible de atravesar.

Mi amigo está convencido de que aquel hombre no era de este mundo, sino el verdadero guardián del oro. Desde entonces, el monte permanece en silencio, y las llamas nunca volvieron a aparecer.

¡Fin!

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