La Mujer sin Rostro del Camino Viejo

Por Albert Villa Marrero Escuchar audio relato

En un pequeño pueblo, todos conocían una vieja carretera rodeada de árboles. Los ancianos siempre advertían que, después de la medianoche, nadie debía caminar por allí, aunque pocos prestaban atención a esas historias.

Una noche, un hombre regresaba a casa después de visitar a unos amigos y, al ver que el camino largo le haría tardar más, decidió tomar la ruta vieja para llegar antes. Al principio todo transcurría con normalidad, hasta que comenzó a escuchar unos pasos detrás de él.

Se detuvo de inmediato y miró hacia atrás, pero no había nadie. El camino estaba vacío, silencioso. Aun así, decidió seguir caminando, aunque ahora más atento.

Sin embargo, los pasos volvieron a oírse, esta vez más claros y más cercanos, como si alguien lo estuviera siguiendo a su ritmo. Empezó a caminar más rápido, sintiendo cómo el miedo se apoderaba de él.

Fue entonces cuando vio, entre la oscuridad de los árboles, a una mujer vestida de blanco completamente inmóvil. El hombre se detuvo un instante, tratando de convencerse de que era alguien que se había perdido.

—¿Necesita ayuda? —le preguntó.

La mujer no le respondió. Solo permaneció quieta. Luego, de a poco, levantó la cabeza.

Fue entonces cuando pudo notar que, su rostro no tenía facciones.

En ese instante, el miedo lo impulsó a correr. Pero cuanto más avanzaba, más sentía que la presencia detrás de él no desaparecía. Cada vez que se atrevía a mirar atrás, la figura estaba más cerca, acortando la distancia sin esfuerzo.

A veinte metros.
A diez.
A cinco.

Hasta que sintió una mano helada posarse sobre su hombro. Involuntariamente se detuvo en seco, cerrando los ojos, invadido por el miedo.

Cuando los abrió, ya no había nada detrás de él. El camino estaba vacío otra vez, como si todo hubiera sido una ilusión.

Corrió hasta su casa sin mirar atrás y cerró la puerta con fuerza, intentando recuperar el aliento. Durante unos minutos creyó que todo había terminado, que quizá había sido producto de su imaginación.

Pero al acercarse a la ventana, vio una silueta oscura frente a su casa, observándolo sin moverse.

Desde aquella noche, los habitantes de aquel pueblo aseguran que quien pasa por el camino viejo después de medianoche puede escuchar una voz suave que les susurra:

—¿También vas para tu casa...?

Y dicen que, si alguien le responde, la sombra lo sigue hasta la puerta de su casa. Y cuando finalmente vuelves a mirar por la ventana, ya no lo verás afuera.

Porque ya estará dentro de tu casa.

¡Fin!

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