El Duende Que Habita en la Casa de Mi Abuela

Por Administrador Escuchar audio relato

Esta historia me sucedió a finales del año 1999. Por esas fechas, nuestra familia solía reunirse en casa de mis abuelos, que queda en la colonia Balderrama, en Hermosillo, para celebrar la llegada del año 2000. Todo eso ya era una tradición año tras año, porque la casa era grande. Además, estaba llena de recuerdos, aunque mi abuelo ya no estaba con nosotros para ese entonces.

Recuerdo que en muchos de los cuartos se podía notar el olor a humedad, pues mi abuela vivía sola y no siempre podía abrir las puertas para ventilarlas. Pero esa noche la casa estaba llena de vida y de alegría. Por un lado, mis tías y mi madre se encontraban en la cocina preparando la cena, mientras que mis primos corrían de un lado a otro jugando. Mientras tanto, mi padre y mis tíos conversaban en la sala, donde teníamos un pequeño árbol de Navidad.

Mi hermanito menor, que en ese entonces tendría unos 3 años, le pidió a mi mamá que lo llevara al baño; pero como ella estaba ocupada, me pidió a mí que lo llevara. Yo tendría en ese entonces unos 10 años, así que lo acompañé. El baño se encontraba al fondo del pasillo, en una zona con poca iluminación.

Mientras mi hermanito hacía sus necesidades, empezó a llorar de repente. Al oírlo, le pregunté si se encontraba bien, pero él seguía llorando. Así que empujé la puerta y lo encontré a un lado de la taza. Le pregunté por qué lloraba, pero lo único que hacía era señalar con el dedo hacia la cortina de la regadera. De inmediato me acerqué y abrí la cortina, pero ahí no había nadie.

Lo tomé en brazos y lo saqué del baño, tratando de calmarlo. Mientras recorríamos el pasillo, le volví a preguntar qué había pasado y, entre lágrimas, comenzó a murmurar.

Pero lo único que lograba comprender de lo que decía era: —El niño con cara de viejito.

Cuando llegamos a la sala, mi mamá me preguntó qué había sucedido y yo no sabía qué decirle, porque no entendía lo que había pasado. Le expliqué que de pronto se puso a llorar dentro del baño y que repetía la frase: "El niño con cara de viejito".

Fue entonces cuando mi abuela, al oír aquella frase, comprendió lo que pasaba y nos contó que, desde hacía muchos años, en esa casa habitaba un duende travieso.

Recuerdo que varios de los que estaban ahí se miraron entre ellos con una expresión de incredulidad. Nadie dijo nada, pero era evidente que no todos creían en ese tipo de historias.

Sin embargo, siempre he escuchado que los niños pequeños no suelen inventar ese tipo de cosas. Mi hermanito era muy pequeño para imaginar a un "niño con cara de viejito", así que hasta el día de hoy sigo creyendo que esa noche realmente vio algo dentro de aquel baño.

¡Fin!

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Se dice que los niños y las personas en estado de ebriedad suelen decir la verdad. Bajo esa premisa, lo que el pequeño vio y describió efectivamente era un duende.

¿Por qué crees que estos seres se dejan ver más por los niños?
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