La Aparición que Cambió la Vida de Carmelo

Por Saadalah Abud Dimitri Luna Escuchar audio relato

En un pequeño pueblo colonial de Antioquia vivían don Germán y doña Alba María, un matrimonio ya entrado en años. Tenían cinco hijos: tres de ellos varones y dos mujeres. Eran una familia muy unida y, como era costumbre desde hacía muchos años, cada noche se reunían para orar y rezar el santo rosario.

Sin embargo, Carmelo, uno de sus hijos, era diferente. Tenía 19 años, era rebelde y no creía en Dios.

Una noche, mientras toda la familia se preparaba para rezar, don Germán lo invitó a acompañarlos. Carmelo, con tono de burla, respondió:

—Yo no pierdo mi tiempo en esas estupideces. Ademas, Dios no existe.

Después de decir esas palabras salió de la casa. En ese momento sintió ganas de orinar, pero el baño estaba descompuesto, así que decidió irse hacia el monte.

Mientras estaba allí sacó un cigarrillo, lo encendió y comenzó a silbar para pasar el rato. Al poco tiempo alguien le respondió el silbido desde la oscuridad. Carmelo guardó silencio unos segundos, pero no vio a nadie.

Ya era cerca de la medianoche y, como no había cenado, comenzó a sentir hambre, así que sacó del bolsillo de su chaqueta un pan con jamón y empezó a comérselo.

Mientras comía, volvió a silbar una vez más.

Pero esta vez, la respuesta llegó enseguida.

Al dirigir la mirada hacia el maizal, distinguió dos ojos rojos que brillaban como brasas. Poco a poco una figura comenzó a acercarse. Era un ser con grandes cachos, una cola que terminaba en punta, con patas de mula y una voz escalofriante que rompió el silencio de la noche.

—¿Carmelo, me llamaste?

Al escuchar aquellas palabras, el joven sintió que el cuerpo se le paralizaba. Sin dejar de mirar aquella espantosa aparición, dio media vuelta y corrió desesperadamente hacia su casa mientras gritaba:

— ¡Dios mío! ¡Por favor sálvame!

Apenas entró en su habitación, escuchó unas risas malignas provenientes del exterior. El miedo fue tan grande que se desmayó, cayendo sobre el piso.

A la mañana siguiente, su hermana Elena lo encontró inconsciente y llamó de inmediato a sus padres. Durante tres días Carmelo permaneció en cama, recuperándose del terrible susto.

Cuando por fin pudo levantarse, reunió a toda su familia y les pidió perdón por haberse burlado de su fe. Don Germán y doña Alba María, junto con sus hermanos, lo perdonaron de todo corazón.

Desde aquel día, Carmelo nunca volvió a faltar a la oración familiar y acompañó siempre a los suyos a rezar el santo rosario.

¡Fin!

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Hay personas que viven sin creer en lo espiritual, pero cuando enfrentan algo inexplicable o aterrador, especialmente experiencias paranormales, por lo general recurren a la fe que antes negaban.

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Comentarios (1)

  • J

    Jose Cruz Vazquez Campos 2026-07-15 08:52:00

    Yo la verdad le creo porque la mayoría de las veces las personas que no creen son a las que más les pasan cosas