Soy de Nuevo León, México, y en una ocasión, decidí subir al Cerro de la Silla. Había apartado ese día con anticipación, ya que era el único día libre que tenía, y justamente por eso, no podía cambiarlo. El problema fue que amaneció lloviendo, pero aun así fui, y desde el inicio me quedó claro que, no habría nadie más subiendo por el mal clima.
Comencé el ascenso alrededor de las cinco de la mañana, cuando todavía no amanecía. Llevaba la mochila bastante cargada con varias cosas, por si necesitaba cubrirme de la lluvia, y conforme avanzaba, el peso empezó a sentirse cada vez más, hasta que el cansancio me obligó a detenerme a descansar un momento.
Para quienes han subido, sabrán que el camino tiene muchas vueltas; sin embargo, hay un tramo poco antes de llegar al teleférico, que es completamente recto y desde donde se puede ver claramente todo el sendero hacia abajo. Me detuve justo en ese punto para tomar agua y comer algo de fruta, aprovechando también para intentar aligerar un poco la mochila.
Mientras estaba allí, fue cuando noté algo en el camino. Al principio no lograba distinguir qué era, pero al mirar con más atención, me di cuenta de que se trataba de alguien subiendo. Se veía completamente blanco, así que asumí que era una persona usando un impermeable blanco para la lluvia. Sin embargo, algo no me terminaba de cuadrar, sobre todo por la forma en que se movía, balanceándose de un lado a otro, como si le costara mantener el equilibrio.
Apagué la linterna porque se me dificultaba sostenerla, y pensé que, cuando esa persona llegara hasta donde yo estaba, podría ofrecerle un poco de agua o fruta, para aligerar el peso de la mochila. Sin embargo, cuando volví a encender la linterna, la figura se quedó completamente quieta, y fue en ese instante cuando sentí cómo el miedo me recorría el cuerpo. Apunté directamente hacia ella, y entonces recién la vi con claridad.
Era una figura totalmente blanca, y donde debía estar su rostro no había nada. No se distinguían rasgos ni facciones, y no parecía una máscara ni algo que llevara puesto, solo una silueta blanca sin rostro. Ni siquiera recuerdo haberle visto las piernas.
Apagué la linterna de inmediato, pero eso empeoró la situación, porque esa cosa comenzó a moverse más rápido hacia mí, con un balanceo mucho más violento, como si llevara una camisa de fuerza. Me quedé paralizado sin poder reaccionar, mientras en mi cabeza no dejaba de escuchar mi propia voz que me decía que corriera.
Cuando por fin reaccioné, sentí que el corazón se me quería salir del pecho. Sin pensarlo, tiré la mochila y empecé a subir corriendo hasta llegar al teleférico, donde me quedé esperando, tratando de convencerme de que tal vez había sido una persona. Pero nadie subió ese día.
Esperé hasta que amaneció, y recién entonces me atreví a descender.
¡Fin!
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