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La Estatua de la Virgen Me Observa

Por Administrador Escuchar audio relato

Cuando tenía 3 años, mis padres llevaron a casa una figura de la Virgen de Guadalupe, casi del tamaño de un adulto. Medía alrededor de metro cuarenta, y la colocaron en un altar improvisado en el patio, donde la destapaban solo para el rosario o fechas especiales. El resto del tiempo permanecía cubierta con una bolsa negra, que según ellos, le protegía la pintura.

Desde el primer día, esa figura me generó una inquietud que no sabía explicar. Yo entendía quién era, lo había visto en la iglesia y en la escuela, pero aun así, algo en su presencia me hacía sentir temor. Hubo incluso un momento, en el que juraría haber visto que su boca se movía, como si me hiciera una mueca. Sé que suena absurdo, pero estoy segura que eso vi.

Con el tiempo, mis papás empezaron a notar que evitaba pasar por el patio, así que la dejaban cubierta casi siempre. Sin embargo, la bolsa se fue desgastando y terminó abriéndose justo a la altura de los ojos. Desde entonces, cada vez que regresábamos a casa, lo primero que veía eran esos ojos asomándose por los agujeros, siguiéndome en silencio. A veces sentía que su expresión cambiaba apenas la miraba, como si supiera que me asustaba.

Después de muchas noches de pesadillas, mis papás decidieron guardarla en la bodega. Pensé que por fin terminaría todo, pero años después, hicieron un vitral hacia la calle y volvieron a colocarla ahí. Hasta hoy, sigue en ese mismo lugar.

Por más que intenté convencerme de que solo era una estatua, nunca pude sentirme en paz con ella.

¡Fin!

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